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jueves, 25 de febrero de 2010

Sobre la belleza

Es una colección infinita de cosas. Para mí empieza por las caras de las personas. Soy muy afortunada en este sentido. Descubro la belleza al ver a dos personas hablando por la calle, en una piedra, en un árbol, en algún chiste... En la oportunidad de sentarse y leer cualquier cosa. Todo eso es belleza. Por eso no entiendo a la gente que se deprime teniendo tantas cosas bellas alrededor. Me siempre feliz y siempre lo he sido. Puedo ser melancólica o sentirme triste, pero no soy capaz de deprimirme. Encuentro muy difícil sentirme miserable durante mucho tiempo. Sin ser religiosa, tengo una especie de sentido del éxtasis religioso. Siempre he sentido alegría. Soy así.

ZADIE SMITH

domingo, 30 de agosto de 2009

Guapo hasta morir



Todo lo dicho sería poco, sin reconocer una de las grandezas de Paul Newman. Era un hombre tremendamente guapo, escandalosamente guapo. Con motivo de su muerte, Maruja Torres ha escrito un precioso artículo en El País que ha titulado «Guapo hasta morir». Lo suscribo. Creo que cualquier mujer lo hará. Era tan guapo que, como a veces se ha dicho, dolía. Tan guapo que los hombres también han sabido reconocerlo. Nunca ha sido para ellos un enemigo a batir o un competidor. Reconocían que, con él, no hay competencia posible.
Sólo un ejemplar de tal belleza ha podido envejecer como él lo ha hecho. Con absoluta dignidad. Ha seguido siendo guapo siempre y siempre atractivo y viril. Sí, con él no hay competencia posible.
Su cabeza era perfecta, hueso a hueso: la frente, los pómulos, las mandíbulas. La boca, sensual pero masculina, capaz de besar, de musitar, de sonreír o de despreciar. Tan sólo la nariz, de tabique un poco desviado, le confería el punto de imperfección necesario para parecer real y no ser considerado un dios o una estatua griega.
Y los ojos. ¿Qué decir de sus ojos que no sea evidente? Sin duda, los más bellos ojos azules del cine, y ha habido muchos. No tenían ese azul transparente, casi de cristal, que siempre llama la atención. Su azul era compacto, de un tono turquesa que trascendía del iris y se reflejaba más allá. Realmente, sus ojos, son capaces de irradiar. Tanto es así, que hasta en las películas o fotografías en blanco y negro destaca el azul de su mirada.
Además, sensible. Además, valeroso. Antisistema pero sin ofender, degustador de Europa, y, queridos, esto es lo mejor de todo: casado con la mujer de su vida. Semejante característica, la fidelidad, era uno de los picos de su personalidad que más admirábamos quienes le seguíamos.

Newman falleció a los 83 años. Con cerca de un centenar de títulos a sus espaldas, un Oscar al mejor actor, otro honorífico, un premio de la Academia por su labor humanitaria y nueve candidaturas. Después de él, los ojos del cine ya no son azules.

miércoles, 1 de julio de 2009

Moonwalker


El cuerpo delgado, disciplinado, de un acróbata. Moonwalk y esa sensación que produce de ingravidez. Deslizarse como si no tocara el piso. Termina en puntas. Flexible. Etéreo. El cuerpo que puede mover cada articulación, cada músculo, como si tuvieran vida propia. El que puede imitar los movimientos de un robot. Romper los límites de un modo de bailar y de hacer música.

Obsesión por el cuerpo. Diseñarlo. Reformularlo. Rehacerse un cuerpo para sí, liberado de la huella del otro. Elegir un rostro a esculpir sobre su rostro. Encarnar la trasgresión. Andrógino. Not white, but not black. Convertirse en nómada de un cuerpo siempre inacabado. Coserle su sombra al cuerpo. Coserle ese volátil amor hacia sí mismo al cuerpo. A un cuerpo que por fin sí fuera el suyo. Para comenzar, por fin, a vivir en paz.

Niños jugando dice un letrero en la entrada de su rancho. Y la palabra Neverland está escrita alrededor de un reloj floral. Detener el tiempo. Con música. Pasos de danza que avanzan hacia atrás. Tratamientos. Cámaras de oxígeno. Solo la muerte detiene el tiempo. Su imagen fija ahora sí para siempre. Su sombra cosida a su historia de rey del pop. A la nostalgia memoriosa de sus fans.
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